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¿Cómo escribir un diario personal? Pasos y un ejemplo de entrada

En resumen

Para escribir un diario personal, elige papel o móvil, busca un momento fijo justo después de algo que ya hagas cada día (por ejemplo, la cena) y empieza con cinco o diez minutos. En cada entrada, pon la fecha y escribe sin corregir qué ha pasado, cómo lo has vivido y qué te llevas. Con el paso del tiempo, al releerlo, descubrirás los patrones de pensamiento que se repiten en tu vida y cómo influyen en lo que sientes.

Qué es un diario personal y para qué sirve

Un diario personal es un cuaderno, o una aplicación, donde anotas lo que te pasa y lo que piensas de ello. Escribes para ti y para que nadie más lo lea. Para aprender cómo escribir un diario no hace falta que seas escritor ni que las entradas queden bonitas.

Te sirve para ordenar la cabeza cuando se te acumulan las cosas, para acordarte dentro de unos meses de cómo viviste lo que hoy te parece normal y para ver, con el tiempo, qué se repite en tu vida. Muchas cosas que hoy te parecen grandes se quedan pequeñas escritas en una página, y otras que pasaron sin ruido resultan importantes al releerlas.

De los beneficios de escribir un diario, algunos se han medido: en una revisión que juntó varios estudios con personas sanas, escribir sobre lo que sentían mejoró su bienestar psicológico, la salud física que ellas mismas notaban y cómo se desenvolvían en su día a día.

Quizá has oído llamar a esto journaling. Es el nombre que se le da hoy al hábito de escribir para entenderte, con formatos más guiados y preguntas que te ayudan a arrancar: en la guía de journaling tienes los tipos y ejemplos. Y si lo que buscas es entender sobre todo lo que sientes, existe una versión centrada en eso: el diario emocional.

Cómo escribir un diario paso a paso

Empezar a escribir un diario depende menos de las ganas que de tener resueltas unas pocas decisiones antes de abrir el cuaderno.

Elige papel o móvil

Las dos opciones funcionan, y la que vale es la que vayas a usar. El papel te desconecta de la pantalla y a mucha gente le ayuda a ir más despacio, sin notificaciones de por medio. El móvil lo llevas siempre encima: puedes apuntar algo en el tren o en la cola del súper, justo cuando te pasa, y proteger el diario con contraseña.

Antes de decidirte, piensa dónde vas a escribir de verdad (en la cama, en el sofá, en el tren) y con cuál de los dos te quedas tranquilo sabiendo que nadie lo va a leer. Si el cuaderno acaba en un cajón y la app sin abrir, el problema no era el formato.

Si te quedas con el móvil, MindLogs es una app de journaling que te lleva por siete pasos en cada entrada, y puedes dictarla en vez de teclearla. Lo que escribes se guarda cifrado y no sale de tu teléfono.

Escribe siempre después de algo que ya haces

Busca un hueco fijo que venga justo detrás de una costumbre que ya tienes: el café de la mañana, la cena o la ducha de la noche. Si el momento depende de que tengas ganas o de que te acuerdes, la primera semana movida se lleva el diario por delante.

Mujer escribiendo en una libreta mientras desayuna en una mesa junto a la ventana, con una taza y un zumo

En un estudio sobre cómo se forman los hábitos, 96 personas eligieron algo que hacer cada día en el mismo momento, por ejemplo "después de desayunar", y lo repitieron durante doce semanas. Ser más constante se asoció con que el hábito les saliera cada vez más en automático. Ahí está el truco del "después de": lo que ya haces cada día te sirve de aviso para lo que quieres añadir.

Puedes convertirlo en una frase y repetírtela tal cual: después de cenar, escribo, o después del café, escribo. Elige la tuya, siempre después de algo que hagas todos los días sin falta.

Empieza con cinco o diez minutos

Los primeros días, escribe poco y sin exigirte nada. Cinco o diez minutos bastan para empezar, y el objetivo de esas primeras entradas no es que sean profundas: es que existan.

Si te propones media hora desde el primer día, la primera noche que llegues cansado ya tienes la excusa para no abrirlo. Mejor quedarte con ganas de seguir que acabar la entrada agotado. Las entradas largas ya llegarán, cuando escribir forme parte de tu día.

Pon la fecha y escribe lo primero que te venga

Lo único que no debería faltar en ninguna entrada es la fecha. Si quieres, añade el lugar: dentro de un año te ayudará a situarte. Sin fecha, al releer no sabrás qué pasó antes ni cuándo.

Y no hace falta empezar con "Querido diario" ni presentarte, porque el único lector eres tú. Arranca con lo primero que tengas en la cabeza, aunque sea "no sé qué poner hoy".

No corrijas ni escribas para nadie

Da igual si se te escapa una falta, si dejas una frase a medias o si repites palabras: nadie le va a poner nota. Si te paras a pulir cada frase, pierdes el hilo de lo que estabas pensando.

Eso sí, para escribir sin filtro necesitas saber que nadie lo va a leer. Basta con imaginar a alguien de casa hojeando el cuaderno para que suavices lo que cuentas, y acabas con la versión edulcorada de tu día. Guarda el cuaderno donde nadie lo busque, o usa una app con contraseña.

Las partes de una entrada

Cuando no sepas cómo ordenar lo que quieres contar, estas tres partes de un diario personal te sirven de guion para casi cualquier día. Úsalas cuando te ayuden y sáltatelas cuando no.

  • Qué ha pasado. Los hechos, con algún detalle concreto: quién, dónde y qué se dijo.
  • Cómo lo has vivido. Qué sentiste y qué se te pasó por la cabeza en ese momento, antes de pensarlo en frío.
  • Qué te llevas. Qué entiendes ahora, qué harías distinto o qué quieres recordar de este día.

La tercera parte es la que más merece la pena cuidar. En un trabajo clásico de la psicología, escribir sobre experiencias que habían afectado a los participantes se asoció con una mejor salud física, sobre todo en los que, en los días que duró el estudio, usaban cada vez más palabras como "porque" o "me doy cuenta". Contaban lo que sentían y, a la vez, intentaban explicarse por qué les había pasado.

Y no te agobies si hay días en que solo sale la primera parte, los hechos y ya. Es una entrada más, y vale igual.

Ejemplo de entrada de un diario personal

Estos son dos ejemplos de diario personal escritos en días muy distintos: uno con algo que contar y otro en el que, en apariencia, no ha pasado nada.

Un día con algo que contar:

Martes, 14 de octubre. Hoy he quedado con Dani a tomar algo al salir del trabajo. Hacía más de un año que no lo veía. Íbamos a tomar una caña rápida y hemos estado tres horas. Me ha contado que deja su trabajo, y lo ha dicho tan tranquilo que al principio no me lo he creído. Lo que se me ha quedado dando vueltas es lo que le he contestado: en vez de preguntarle qué le ilusiona, le he soltado un montón de dudas, que si tenía ahorros, que si no le daba miedo. ¿Por qué me ha salido eso? Volviendo a casa estaba de bajón, como si me hubiera dejado algo allí. Creo que lo que me da es envidia, que se haya atrevido él y yo no. La próxima vez que alguien me cuente algo así, a ver si me acuerdo de preguntarle primero qué le hace ilusión.

Fíjate en lo que hace que esta entrada funcione: dos detalles concretos (las tres horas, las preguntas sobre los ahorros) y una pregunta que quien escribe se hace a mitad de página y que no traía al sentarse. Y acaba sin conclusión redonda, con algo pequeño que quiere probar la próxima vez.

Un día en el que "no ha pasado nada":

Jueves, 23 de octubre. Hoy no ha pasado nada, de verdad. Trabajo, comer algo rápido, serie. Lo único: al sacar al perro por la noche, todas las ventanas del bloque tenían luz menos la de la vecina del segundo, la de los geranios. Me ha dado pena y no sabía por qué. Ahora caigo: hace semanas que no la veo bajar a por el pan como antes. Tendría que llamar a su puerta y preguntarle si está bien, pero no me atrevo a molestar. Apuntado queda.

El día vacío es el que más invita a cerrar el cuaderno sin escribir. Pero mira lo que pasa al escribirlo: empieza con que no hay nada y, a mitad de entrada, aparece lo que le ronda, la vecina a la que no ve y la puerta a la que no se atreve a llamar. Sin el diario, al día siguiente se le habría olvidado; ahora lo tiene por escrito y con algo pendiente.

Qué escribir en un diario: ideas para empezar

Los días en que no sabes qué contar, no esperes a que se te ocurra algo. Elige una de estas ideas para escribir un diario y empieza por ahí:

  • Algo que te ha hecho gracia hoy, tal y como pasó.
  • Una conversación que sigues recordando horas después.
  • Lo que te ronda antes de dormir.
  • Algo de hoy que quieras recordar dentro de un año.
  • Algo que has aprendido hoy, por pequeño que sea.
  • Una decisión que tienes pendiente y qué te frena.
  • Cómo te gustaría que fuera la semana que viene.
  • Un recuerdo que te ha venido hoy sin buscarlo.
  • Una carta que no vas a enviar, a quien sea.
  • Qué te ha sorprendido de ti en las últimas semanas.

Y si prefieres arrancar con una frase medio hecha, estas abren una entrada en segundos:

  • Hoy me he acordado de…
  • No dejo de pensar en…
  • Algo que no le he contado a nadie es…
  • Si mañana pudiera repetir una sola hora de hoy, sería…

Hay días en que te pasa lo contrario: algo te ha removido y no se te va de la cabeza. Para esos encaja mejor la escritura terapéutica, un ejercicio pensado para escribir varios días seguidos sobre un mismo tema.

Cómo no dejarlo a la semana

Si ya lo intentaste y lo dejaste a la semana, lo más probable es que te faltara un plan para los días sin ganas. Esto es lo que sostiene el hábito cuando se acaba el entusiasmo del principio.

Saltarte un día no rompe nada. En el estudio de las 96 personas, fallar un día suelto no se notó en cómo se iba formando el hábito. Lo que suele hundir un diario es la culpa por el día perdido. Vuelve al siguiente sin compensar: no escribas el doble ni pidas perdón a la página.

El hábito tarda lo que tarda. En ese mismo estudio, lo que tardó el hábito en salir solo osciló entre 18 y 254 días según la persona. Así que, si a las tres semanas todavía te cuesta sentarte a escribir, es lo normal. Sigue, y llegará un día en que te sientes a escribir sin habértelo propuesto.

Los días malos, una línea. Rebaja el mínimo en vez de saltarte el día: "estoy hecho polvo, mañana más". Así mantienes la costumbre de abrir el diario sin que se convierta en otra deuda pendiente.

Ten el diario a la vista. El cuaderno encima de la mesilla, la app en la pantalla de inicio del móvil. Parece una tontería, pero si el cuaderno vive en un cajón, es fácil que pasen días sin que te acuerdes de él.

Si te aburres, cambia la pregunta. Si notas que llevas días contando lo mismo, cambia el tipo de entrada: escribe sobre un recuerdo que te haya venido sin buscarlo, o escribe la carta que no vas a enviar.

Releer lo que escribiste

Al releer entradas de hace unas semanas descubres de qué te quejas siempre, a quién nombras más y en qué has cambiado de opinión aunque entonces te pareciera definitivo. También recuperas momentos que habías olvidado por completo, y a veces cambian cómo recuerdas aquella época.

Cuaderno abierto con páginas escritas a mano y un bolígrafo encima, sobre una mesa de mármol claro

Una pauta sencilla: relee una vez al mes, o cada vez que termines un cuaderno. Léete con la paciencia que tendrías con un amigo que te enseña sus cartas de hace años. Y si al releer solo encuentras motivos para criticarte, pregúntate qué ha cambiado desde entonces en lugar de qué hiciste mal.

Conclusión

Llevar un diario pide menos de lo que parece: un momento fijo (justo después de algo que ya haces cada día), unos minutos y permiso para escribir mal. Con eso, la primera entrada sale hoy y la décima sale sola.

Y lo que hace que valga la pena con los meses es la pregunta con la que cierras cada entrada: qué te llevas de este día. Las páginas donde te la haces son las que, al releerlas, te enseñan cómo has ido cambiando.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se empieza a escribir un diario?

Empieza hoy mismo con una entrada sencilla: pon la fecha y cuenta qué ha pasado y cómo te ha sentado. No hace falta presentarte ni explicar por qué empiezas a escribir, ni rellenar una página entera. Con unas líneas ya tienes el diario abierto.

¿Qué escribo si hoy no ha pasado nada?

Escribe sobre algo pequeño: una conversación que has tenido, algo que has visto por la calle o lo que te ronda ahora mismo. Con una o dos líneas basta. En los días que parecen vacíos a veces aparece lo que te preocupa.

¿Es mejor escribir a mano o en el móvil?

No hay un formato ganador. El papel te aparta de las pantallas y a mucha gente le ayuda a ir más despacio; el móvil lo llevas siempre encima y puedes protegerlo con contraseña. Lo que importa es que lo tengas a mano y que puedas escribir sin que nadie lo lea.

¿Hay que escribir todos los días?

No. Mejor un ritmo que puedas mantener que una exigencia diaria que abandones en dos semanas. En un estudio sobre cómo se forman los hábitos, saltarse un día no estropeó el proceso. Si fallas uno, retómalo al día siguiente como si nada.

¿Cuánto tiene que ocupar una entrada?

Lo que te salga: desde una línea hasta varias páginas. Para empezar, cinco minutos bastan, y con diez vas sobrado.

Pau Forner

Autor y emprendedor especializado en marketing digital e inteligencia emocional. Autor del bestseller sobre habilidades sociales y emocionales Dirige Tu Vida (Editorial Planeta).

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